sin techo pero con libros

Los seres humanos vivimos alimentando prejuicios. Creemos por ejemplo que las personas en situación de calle son o bien locos, o borrachos, o vagos. Les sorprendería saber la cantidad de personas que alguna vez tuvieron una vida armada y se han quedado sin hogar. Nunca dormí a la intemperie (o ahora que recuerdo sí una vez, en el jardín de una casona enorme en Rosario, era una esquina en un lugar alejado del centro de la ciudad). Pasé muchas noches en la Biblioteca del Congreso de la Nación (abierta las 24 horas) y en hospitales y sanatorios haciéndome pasar por un familiar de algún enfermo (pido disculpas). La biblioteca del Congreso sirve el desayuno (mate con leche y budín) todas las mañanas a las personas que pernoctan ahí (por lo menos en la época en que yo la frecuentaba, 2000-2003) y cada tanto, una asistente social les hace una serie de preguntas. No querrán saber la cantidad de gente preparada que pasa sus horas leyendo y pernocta en bibliotecas. Creo que por esta razón (porque uno mata sus horas leyendo cuando está en situación de calle), es que la gente que no tiene hogar suele estar tan informada.